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Borrando a la Señora Moretti

chapter 19

Updated: 2026-01-22 18:27:06
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---- Capitulo 19 Tras dejar la pensién, me mudé a un remoto pueblo en un fiordo al oeste de Islandia, un lugar donde se podia ver la aurora boreal. Mi casero era un anciano amable llamado Gunnar. El no hablaba mucho mi idioma, y nos comunicabamos principalmente con gestos y palabras sencillas, pero la tranquilidad era justo lo que necesitaba. Todas las noches, tocaba el violin junto a la chimenea. Las melodias familiares resonaban en la pequefia cabafia, acompaiiadas por el sonido de la brisa marina y las montafias lejanas. Pintaba, lefa, tomaba café y observaba la aurora danzar en el cielo.

Sentia una auténtica sensacién de paz. Una tarde, Gunnar llamé a mi puerta. Parecfa vacilante, con un viejo smartphone en la mano. -Ava -dijo, usando mi nuevo nombre-, no sé si deberfa ensefiarte esto... pero hay videos circulando por internet... sobre un ganster extranjero. Dicen... dicen que el hombre se está muriendo. Dejé el pincel y miré su rostro preocupado. -{Qué video? -Le quité el viejo teléfono a Gunnar. Un video borroso se reproducia en la pantalla.

La calidad era mala, pero atin podia ver claramente ese rostro familiar: tan delgado que parecia esquelético, con la mirada vacfa como la de un hombre muerto. -Este video esta por todas partes -dijo Gunnar, observando atentamente mi expresién-. Mucha gente habla... dicen que el hombre podria morir de verdad. Ava, étti lo conoces? Le devolvi el teléfono con una expresién indescifrable. -Es una historia triste, Gunnar. Asintié, sin hacer mas preguntas. ---- Cada persona es responsable de si misma. No podemos ser responsables de las decisiones de otro.

Nadie muere solo porque alguien lo abandone. En Nochebuena, Gunnar me invité a celebrar con su familia. Le agradecf su amabilidad y acepté. Su casa estaba al otro lado del fiordo, una casa tradicional islandesa de madera con un tejado rojo que se veia especialmente cálido contra la nieve. Llevé una botella de champán y unas galletas que habia horneado, y al instante me envolvió la calidez del interior. Un fuego rugia en la chimenea y el árbol de Navidad estaba adornado con adornos hechos a mano. La hija de Gunnar, Anna, era una mujer amable de unos cuarenta afios.

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Su marido, Magnus, era capitan de un barco pesquero local, y sus dos adorables hijos jugaban en la sala. Pero la persona que me Ilamé la atencién fue el joven que estaba junto al árbol de Navidad. Parecfa tener veintitantos afios, con rasgos nérdicos clasicos: cabello rubio, ojos de un azul profundo y complexién alta y robusta. Vestia un sencillo suéter blanco y vaqueros oscuros, con un aspecto impecable y radiante. Este es mi nieto, Erik - presentó Gunnar-. Se acaba de graduar en la universidad de Copenhague, donde estudié biologia marina. Erik, ella es Ava, la mujer de la que te hablé.

Erik se acercé y le tendié la mano. -Hola, Ava. Mi abuelo siempre habla de ti. Decfa que eras la mujer mas elegante que habia conocido. Ahora entiendo por qué. Hablaba un inglés fluido, con un ligero acento danés, y su voz era baja y agradable. Al estrecharnos la mano, sentf un ligero temblor en la palma y vila admiracién indisimulada en sus ojos. ---- La cena consistié en un festin de cordero y patatas tradicionales de Islandia, con todo tipo de postres navidefios preparados por Anna.

Bajo la cálida luz de las velas, todos en la familia hicieron todo lo posible para que me sintiera como en casa. Erik se senté frente a mi, robando miradas de vez en cuando. Era comunicativo, compartia historias sobre su estancia en Copenhague y su pasién por la vida marina. Cuando hablaba de las criaturas de las profundidades marinas, sus ojos brillaban con una luz pura, una sed de conocimiento y una reverencia por la naturaleza realmente conmovedora. -¢Sabias?

-dijo-, que en las profundidades marinas que rodean Islandia hay un pez llamado tiburén de Groenlandia que puede vivir mas de doscientos afios. jDoscientos afios! Imagina todas las tormentas que han soportado, todos los cambios que han presenciado. Sonref y escuché. Su pasién me recordé a mi misma, hace mucho tiempo: la chica que atin crefa que el mundo era un lugar hermoso. Estaba tratando de reencontrarme con esa chica. Después de cenar, nos reunimos junto al fuego para intercambiar regalos. Toqué el violin para ellos y Erik aplaudié hasta que se le pusieron las manos rojas.

Era un chico sencillo, incapaz de ocultar sus sentimientos. Efectivamente, antes de irme, me Ilevó a un rincón, con la cara enrojecida. -Ava, sé que esto es repentino. Solo nos conocemos desde hace unas horas. Pero desde que mi abuelo te mencioné por primera vez, me he estado imaginando cémo serfas. Y ahora que te conozco, eres atin mas maravillosa de lo que imaginaba. Su voz se volvié mas firme. -Sé que tienes un pasado. Si me lo permitieras, seria un honor para mi ---- ser quien escuchara tus historias. Sus ojos estaban Ilenos de esperanza, su afecto era tan puro y honesto.

Ala luz de las velas, su rostro era hermoso y sincero, como el de un principe de cuento de hadas. Contuvo la respiracién, esperando mi respuesta. Miré a Erik a los ojos y sonref gentilmente. -Gracias por el cumplido, Erik. Pero no puedo aceptarlo. Esta es solo una parada en mi viaje. Voy a irme eventualmente. Su rostro decayé. -A dénde irds? Miré hacia la ventana. La nieve seguía cayendo, igual que el primer dia que llegué a este pequefio pueblo. Los glaciares lejanos brillaban bajo la luz de la luna, tan lejanos, tan misteriosos.

Ya no era el canario atrapado en una jaula dorada, ya no era una mujer que necesitaba a un hombre para sobrevivir. Era Ava. Una mujer libre, capaz de ir a cualquier parte y hacer lo que quisiera. - Más lejos -respondi en voz baja, con la mirada serena y decidida. Afuera, la nieve seguia cayendo, y los glaciares lejanos me llamaban. Habfa tanto del mundo que no habfa visto, tantas vidas que no habia vivido. Y yo, por fin, tenia la libertad de elegir.

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